renacimiento

Arte del Renacimiento

Generalidades sobre el arte y movimiento cultural denominado Renacimiento

Arte del Renacimiento El Renacimiento es el movimiento cultural y artístico iniciado en Italia en el siglo XV que dirige sus ojos al clasicismo romano y al hombre como centro de las cosas, superada la tradición teocéntrica medieval.

No es de extrañar que sea en Italia donde se produce tal proceso pues el impresionante legado del viejo imperio romano estuvo presente incluso en plena época medieval y el mundo italiano nunca se llegó a desapegar del todo, como demuestra, incluso, su arte románico peculiar.

Pintura de El Greco. genio del Rancimiento y el Manierismo españolEl trasvase de la cultura y arte del Renacimiento al resto de Europa fue lento y desigual y para lo que centra nuestro interés, el arte en España, podemos decir que sus primeras manifestaciones comienzan en la penúltima década del siglo XV y se finaliza en los primeros años del siglo XVII.

Desde esta sección del portal Arteguias podra acceder a información y artículos relacionados con la arquitectura, escultura y pintura española del siglo XVI.

En el apartado de arquitectura renacentista se pondrá especial atención a dos subestilos o modalidades tan castizas como el plateresco y el estilo herreriano. En la página de escultura se dividen los artistas en los tres tercios de la centuria pues se trata de un arte en constante evolución. Trataremos escultores tan significativos como Vasco de la Zarza, Diego de Siloe, Juan de Juni, Alonso Berruguete, la familia Leoni, etc.

En lo concerniente a la pintura renacentista del siglo XVI hay que tratar a Juan de Juanes, Alonso y Pedro Berruguete, Sánchez Coello, Juan Pantoja de la Cruz, Luis de Morales “El Divino” pero muy especialmente el sublime y espiritual genio del manierismo “El Greco”.

Orden y secciones de esta página
La página del ARTE DEL RENACIMIENTO está ordenada por subsecciones que aparecen en la parte superior de la columna de la izquierda. En cada sección se estudian diferentes aspectos del arte romano, con fotografías y descripciones.

Historia de la ciencia en el Renacimiento

Hombre vitruviano, de Leonardo da Vinci, un ejemplo de la mixtura entre arte y ciencia en el Renacimiento.

El redescubrimiento de textos científicos antiguos durante el Renacimiento se aceleró después de la caída de Constantinopla, en 1453 y la invención de la imprenta democratizaría el aprendizaje y permitiría una propagación más rápida de nuevas ideas.

En este período inicial, el Renacimiento es visto a menudo como un retroceso científico. Historiadores como George Sarton (1884-1956) y Lynn Thorndike (1882-1965) han criticado cómo el Renacimiento afectó a la ciencia, argumentando que el progreso fue demorado. Los humanistas favorecieron los temas centrados en el hombre, como política e historia, sobre el estudio de la filosofía natural o la matemática aplicada. Otros se han focalizado en la influencia positiva del Renacimiento puntualizando factores como el redescubrimiento de muchísimos textos ocultos o perdidos, y el nuevo énfasis en el estudio de la lengua y la correcta lectura de textos. Marie Boas Hall acuñó el término «Renacimiento científico» para designar la primera fase de la Revolución científica. Recientemente, Peter Dear argumentó a favor de un modelo de dos fases para explicar la génesis de la ciencia moderna: un «Renacimiento científico» en los siglos XV y XVI, centrado en la restauración del conocimiento natural de los antiguos, y una «Revolución científica» en el siglo XVII, cuando los científicos pasaron de la recuperación a la invención.

Contexto

A partir del renacimiento medieval del siglo XII, Europa experimentó una revitalización intelectual especialmente relacionada con la investigación del mundo natural. En el siglo XIV, sin embargo, acontecieron una serie de eventos que se conocerían luego como la «Crisis del medioevo tardío». La Peste negra de 1348 produjo el fin del periodo previo de masivos cambios científicos. La plaga mató a un tercio de la población europea, especialmente en las ciudades, donde estaba el corazón de la innovación. Recurrencias de la plaga y otros desastres causaron una declinación continua de la población durante un período de cien años.

Renacimiento

El siglo XV vio el comienzo del movimiento cultural renacentista. El redescubrimiento de los textos antiguos a partir de la caída de Constantinopla, se aceleró a causa de los muchos estudiosos bizantinos que debieron buscar refugio en Occidente, especialmente en Italia.

Cronología

La línea de tiempo muestra abajo a los científicos occidentales más relevantes desde la Alta Edad Media hasta el año 1600. La línea roja vertical muestra el hiato entre la Peste Negra y la fecha de publicación del siguiente trabajo científico: el modelo heliocéntrico de Copérnico. Entre ambos hechos hay más de 200 años.

Ciencias naturales

Ya en el siglo XVI, se habían observado y descrito plantas y tratado de clasificarlas pero no se había encontrado un buen principio de clasificación. En el siglo XVII Tournefort, después de haber estudiado las plantas de todas las comarcas de Europa, llegó a una clasificación que ha subsistido durante una parte del siglo XVIII. Malpighi disecó las diversas partes de las plantas y publicó una obra en que describió la estructura de los vegetales.

En el siglo XVI se había empezado a disecar los cadáveres. Vesale fundó la anatomía humana. Fallope había estudiado el interior del oído y el cuerpo humano. Otros estudiaron los huesos. Luego se hizo la anatomía de algunos animales, un hipopótamo, un caballo. Harvey descubrió la circulación de la sangre, lo cual trastornó todas las ideas relativas al cuerpo humano. Un italiano, profesor en Pavía, disecando un perro vivo descubrió los vasos por que circula el quilo.

No se había observado en un principio más que el cuerpo humano, por razones prácticas, porque se quería aplicar las observaciones a la Medicina o la Cirugía. Malpighi estudió la organización de los animales de especies diferentes, para compararlas entre sí con puro espíritu científico, e inició así la anatomía comparada.

La medicina obtuvo poco provecho de estas observaciones. Los médicos, organizados en cuerpo, no querían renunciar a las doctrinas de los griegos y se negaron por mucho tiempo a admitir la circulación de la sangre. En Francia explican las enfermedades por los humores, y seguían aplicando los antiguos tratamientos, la sangría, la lavativa, los purgantes. No obstante, se empezó en otros países a emplear contra la fiebre la quinina, planta venida de América del Sur.

II.- Rasgos Esenciales del Renacimiento

1. El Renacimiento fue un movimiento típico de la Edad Moderna, caracterizado por las nuevas actitudes espirituales fundamentales: nacionalismo, individualismo, espíritu laico, criticismo.

Con el fin de salvar de posibles malentendidos las explicaciones que siguen, hemos de hacer hincapié en que el Renacimiento, con toda su multiplicidad, fue ante todo un movimiento, una fecundación de gran fuerza explosiva. Lo propio del Renacimiento no se echó de ver en muchos aspectos hasta más tarde. Pero es tarea del análisis histórico rastrear ya en sus orígenes estos rasgos esenciales.

El Renacimiento fue un movimiento «nacional» italiano, resultado de la aspiración a constituir una república italiana, fruto, pues, del particularismo nacional (Cola di Rienzo, † 1534)[13].

2. Fue también un retorno a la Antigüedad romana.

a) El pueblo que entonces despertaba volvió espontáneamente la vista a las raíces de su ser y su poder. La confusión del tiempo contribuyó a ello, y así nació el lema que sería típico de toda aquella época y todo aquel movimiento: ¡Vuelta a las fuentes! Pues todo ser, en sus orígenes, responde de forma más pura y perfecta a la voluntad de Dios creador. Y para Italia los orígenes se encontraban en la antigua Roma, pujante dominadora del mundo.

b) En Italia, la Antigüedad no había muerto del todo. La propia ascendencia, el paisaje, las ruinas, los antiguos edificios y estatuas y fundamentalmente la lengua hablaban de ella. Y así, tras un largo sueño, todo ello resurgió claro e irresistible. En la Edad Media, los italianos habían tenido un primer reencuentro vivo con la Antigüedad gracias al resurgimiento del viejo derecho romano. Este derecho no había envejecido ni decaído, era algo vivo, eminente en forma y en contenido, una de las grandes obras maestras del pensamiento humano, de carácter y alcance universales. Pues bien, durante los siglos XIV y XV, el redescubrimiento de la Antigüedad proporcionó, con un ritmo cada vez más acelerado, un segundo encuentro especialmente intenso: a lo que se añadió un ferviente entusiasmo y una respetuosa veneración. Se arrancaron del suelo y coleccionaron antiguos tesoros artísticos; se redescubrió la forma plena, infinitamente bella y dulce de aquel arte tan cercano a la tierra; se volvieron a leer los viejos libros; se buscaron afanosamente manuscritos entre el polvo de las bibliotecas; se descubrieron y coleccionaron nuevos textos y se pagaron precios fabulosos con el fin de poseerlos poco menos que como una propiedad sagrada.

c) El nexo con la Antigüedad griega se había mantenido vivo durante la Edad Media gracias a Aristóteles, el gran garante de la Escolástica. Este conocimiento de la Antigüedad griega recibió una nueva inyección de vida procedente de Sicilia y del sur de Italia. Y por fin (en el año 1453, tras la conquista de los turcos), Constantinopla envió a Occidente sabios y manuscritos que pudieron transmitir la herencia del pensamiento griego en su lengua original.

d) Poco antes, ciertamente, ya había habido un contacto vivo con la cultura griega: mediante Manuel Crisolora (profesor de griego en Florencia desde 1396, muerto en 1415), Giorgio Gemisto Pletone († 1452) y el cardenal Bessarion († 1472); en el Concilio de la Unión, el de Florencia (§ 66), también habían intervenido eruditos griegos, que hicieron valer su método filológico. Los frutos que de todo esto derivaron fueron muy importantes, tanto para la historia de la cultura como para la historia de la Iglesia.

3. Pero ahora se abría paso una actitud muy distinta respecto a la Antigüedad: no era solamente conocerla, sino entablar una íntima relación con ella. No se trataba de obtener simplemente un extracto de los grandes pensamientos antiguos para incorporarlos al sistema teológico cristiano, sino de entenderlos desde su propio centro, de compenetrarse con ellos, de leerlos con todo su colorido local, tal- como habían sido escritos hacía muchos siglos. Pero aquí radicaba el peligro.

a) El intento de compenetrarse plenamente con un mundo de ideas completamente extraño es, sí, el presupuesto de toda objetividad histórica, así como el fundamento de la ciencia histórica, pero desgraciadamente también es la actitud básica del relativismo, de la indiferencia espiritual (la cual puede correr pareja con una respetuosa admiración ante multitud de diferentes afirmaciones filosóficas, religiosas y, naturalmente, también artísticas). Tal relativismo (como punto de partida) fue el auténtico cáncer del Renacimiento y (por extensión) de toda la Edad Moderna, de fatales consecuencias a la hora de determinar qué sea la verdad, qué deba ser la obligatoriedad del dogma, qué pueda ser o no ser la tolerancia dogmática.

Para no caer en malentenidos y no acusar al Renacimiento -al menos en su fase inicial- de relativismo expreso o de indiferencia dogmática, cosas que el Renacimiento no defendió en general, es preciso tener ideas claras de cómo suelen desarrollarse las revoluciones espirituales de gran envergadura: a menudo, lo nuevo que se reconoce valioso, se yuxtapone ingenuamente a lo tradicional, sin caer en la cuenta en principio de la heterogeneidad intrínseca de ambos elementos.

b) La cultura antigua era pagana. Por tanto, se intentaba, por decirlo así, leer los textos de manera «pagana». Es cierto que la claridad del monoteísmo cristiano resultaba tan superior a la ridícula confusión del politeísmo pagano, que casi no hubo ninguna recaída en la doctrina pagana. Pero las ideas antiguas, en la literatura como en el arte, estaban revestidas de formas seductoras y costumbres livianas. Los mitos politeístas podían muy bien utilizarse sin compromiso alguno, en forma lúdica, pseudoheroica. No se puede negar que este juego estetizante se realizó al principio y hasta bien entrado el alto Renacimiento dentro de una cristiandad firme e indivisa. En todas las formas de expresión artística, desde los pavimentos de mosaico (catedral de Siena), pasando por los frescos y estatuas hasta las inscripciones y miniaturas, son legión las ilustraciones en que el elemento pagano-mitológico aparece colocado candorosa e ingenuamente junto a manifestaciones cristianas. Para enjuiciar correctamente esta mezcolanza, el observador debe dejarse arrastrar también de algún modo por la audacia fascinante de aquellos espíritus (filósofos, artistas, teóricos del arte, teólogos, estadistas) y, además, rememorar el viejo mundo de la alegoría (que en sus combinaciones opera libremente, dejándonos a menudo indefensos). Los antiguos héroes, por ejemplo, volvieron a ser considerados con toda seriedad como precursores de Cristo. Semejante interpretación estaba ya preparada e incluso santificada por la alegoría teológica. La forma como Federico II construyó sus argumentaciones y la fundamentación que dio la curia a la teoría de las dos espadas sirvieron de antecedente tanto como el saludo entusiasta que Dante dirigió a Enrique VII («¿Eres tú el que ha de venir…?» – «Este es el Cordero de Dios, que quita…»).

Difícil es, no obstante, imaginar que tan descuidada mezcolanza no inficcionase de alguna manera la pureza de lo cristiano. De hecho, en muchos de los representantes más destacados se infiltró una forma de pensar (y una conciencia) pagana. Y después, muy pronto, también la forma pagana de vivir regaladamente y sin freno.

c) Más allá de estas formas «paganas», sin embargo, no hay que olvidar los elementos cristianos del Renacimiento. Estos elementos fueron decisivos. El lema de la «vuelta a las fuentes» demostró fehacientemente su eficacia en la recuperación de la Sagrada Escritura y de los Padres de la Iglesia, lo que supuso un movimiento de incalculable importancia para la reforma católica del siglo XVI. Y también en sus comienzos, el Renacimiento (inseparable del Humanismo) se presentó como un movimiento cristiano, gracias a algunos grandes representantes pletóricos de cristianismo. No dejamos de advertir el peligro de desviación neoplatónica que aquí latió; ya volveremos sobre ello (Pico della Mirandola).

Así, pues -para decirlo una vez más-, es históricamente falso considerar el Humanismo como un movimiento no cristiano o menos cristiano desde sus comienzos. El Humanismo fue una determinada forma anímico-espiritual que en un primer momento se realizó dentro de una confesión cristiana correcta.

4. Otra característica del Renacimiento es que produjo un sinnúmero de vigorosas individualidades. La confusión política, la falta de poderes superiores fuertes, el despertar espiritual del pueblo, la rápida aceleración del crecimiento en todos los terrenos hicieron del Renacimiento un tiempo verdaderamente propicio para las personalidades de perfiles acusados, carentes incluso de miramientos. Personalidades de este tipo las hubo en abundancia.

También en la Edad Media hubo personalidades relevantes. La diferencia esencial, decisiva para el futuro, estriba en su distinta valoración. En la Edad Media, la personalidad individual estaba subordinada al todo superior del Estado, de la Iglesia, de la doctrina cristiana. Con el Renacimiento, sin embargo, se originó una clara tendencia, cada vez más intensa, a dejar al individuo apoyarse sobre sí mismo, incluso a liberarlo de toda norma y obligación. Pues aun dentro de aquellos órdenes superiores, al principio no discutidos por nadie y luego sólo por unos pocos, el hombre comenzó a ser consciente de su propio valor y autonomía. El «yo» comenzó a ser la norma o el criterio de los valores. Este «yo» se hizo consciente de su plenitud[14] y supo exteriorizarlo: no se pasó todavía de la individualidad al individualismo, pero quedó allanado el camino para ello.

5. En todos estos aspectos se echó de ver claramente una desviación más o menos efectiva (en un principio no programática) de muchos ideales de la cultura eclesiástico-medieval. En vez de humildad, conciencia de sí mismo; en vez de renuncia, meditación y oración, acción y fuerza; en vez de mortificación, placer; en resumen, en vez del más allá y el reino de los cielos, el más acá y su belleza y la perduración de la fama del propio nombre. Se fue descubriendo más y más la hermosura del mundo, buscándola en los viajes y en un nuevo modo de contemplar plácidamente la naturaleza (Petrarca, su vida campestre, su ascensión a las montañas).

6. El Renacimiento, finalmente, como ya se ha ido viendo en todos los puntos tratados, fue esencialmente un movimiento laico.

a) Muchos clérigos, monjes, papas y obispos tomaron parte en él y fueron figuras de primer orden, pero su tendencia, oculta o manifiesta, fue de carácter laico y profano, no clerical y eclesiástico. A pesar de las limitaciones de nuestra tesis (que no son pocas), podemos decir que el Renacimiento y el Humanismo implicaron y desataron tendencias conducentes a la secularización del mundo, que antes era fundamentalmente eclesiástico. Sirvieron en buena parte de introducción o preludio a una etapa de la historia humana marcada ya decisivamente por el proceso de secularización. Las causas fueron evidentes: la burguesía de las ciudades, que se convirtió en la fuerza impulsora fundamental de la vida; el mundo antiguo redescubierto y aceptado por muchos en su interior, que era pagano, puramente humano, sin influencia de ideas sobrenaturales; y la cultura del Renacimiento, surgida del movimiento secular de la alta Edad Media, que los mismos laicos llevaron al triunfo, continuando aquel proceso medieval (más o menos consciente) de separación de la tutela de la Iglesia y, a la vez, combatiendo -como ya hemos dicho- el clericalismo.

b) Bajo este mismo aspecto fue especialmente significativa y trascendental para la historia de la Edad Moderna eclesiástica la nueva teoría del Estado. La idea básica, asentada ya desde Federico II y los legistas de Felipe IV, acabó rompiendo todas las barreras: el Estado, en la práctica, ya no se sintió vinculado a la Iglesia, y a menudo ni siquiera a la moral. La concepción de san Agustín fue muchas veces sustituida por otra, la que considera al Estado como algo completamente autónomo. El Estado no es más que poder y, para sí mismo, la medida de las cosas. Es evidente que esta afirmación no vale en la misma medida para los siglos XV y XVI que para la época posterior; para el siglo XVI, sin ir más lejos, ya fueron significativos los escritos dirigidos contra Maquiavelo. Pero de lo que se trata es de determinar el nuevo principio y la dirección del desarrollo; es necesario comprender qué gérmenes alentaban bajo los acontecimientos. La política del Renacimiento y del absolutismo de los siglos XVII y XVIII, en la práctica, actuaron de acuerdo con la teoría maquiavélica del Estado, aunque en teoría la condenasen. En el siglo XVIII fue ampliamente aceptada incluso la teoría. Los totalitarismos actuales, finalmente, han sacado las últimas consecuencias de aquellos principios, por enorme que parezca la distancia que los separa del pensar y el sentir de los hombres de aquella época y por poco derecho que tengan a remitirse a aquellos hombres, que eran todavía cristianos.

c) La política de los soberanos de los Estados de la Iglesia también se rigió muchas veces en la práctica, durante los siglos XV y XVI, con arreglo a estas doctrinas. La política de alianzas que siguieron los papas fue necesaria para la conservación de los Estados de la Iglesia. Pero semejante política, con sus incesantes cambios, llevó la impronta de una escasa fidelidad. Que Alejandro VI, el enemigo de Savonarola, se aliase por ventajas materiales con el enemigo número uno de la cristiandad, el sultán turco; que León X, por motivos políticos, se abstuviese durante algún tiempo de toda acción enérgica contra Lutero; que Clemente VII rompiera con el emperador católico y se pasara al bando del aliado francés de los protestantes, salvando con ello, por decirlo así, al protestantismo: todo ello fueron simples botones de muestra de la mentalidad secularizante del Renacimiento, datos que deben contarse, desde el punto de vista eclesiástico, entre las más vergonzosas y trágicas contradicciones internas de aquella época. Pero lo más importante desde el punto de vista histórico -haremos bien en recordarlo- no estriba en el fallo personal de cada uno de los papas, sino en el hecho de que los casos individuales fueron la expresión significativa de unas actitudes fundamentales que para la curia se habían convertido en algo completamente natural.

d) También el comercio resultó lógicamente afectado por este espíritu mundano e individualista. En el orden del día no se incluía la cuestión del «justo beneficio». La prohibición medieval de exigir intereses fue abolida en la práctica y, en parte, también en la teoría. El aprovechamiento ilimitado de las posibilidades de lucro se convirtió en lema. En los negocios puramente bancarios y pecuniarios, que acabaron por imponerse en muchas partes, se aprovechó la posibilidad de lucro con la misma falta de escrúpulos que en la predicación de las indulgencias.

7. Un nuevo realismo llevó a la observación exacta de la naturaleza y a su investigación experimental. Tuvieron lugar los grandes viajes de los descubridores y hubo nuevos inventos. Apareció un considerable número de hombres animados por una intensa pasión de arrancar sus secretos a la naturaleza: Vasco de Gama, Colón, Martín Beheim, Paracelso, Kepler, Copérnico, entre otros muchos. Y, junto a la ciencia, también la magia y la astrología persiguieron el mismo objetivo[15]. El resultado de todo ello fue una insólita ampliación de la imagen del mundo.

8. Finalmente, el Renacimiento fue una cultura de la expresión. En este sentido tuvo fundamentalmente un carácter estético y artístico y poseyó la capacidad de expresarlo con impresionante plenitud.

9. Surgió así un nuevo ideal de vida[16]. El movimiento originado por este nuevo ideal se entendió a sí mismo como contrapuesto con el pasado inmediato y con las fuerzas que lo sustentaban, es decir, en contradicción con la Edad Media, con todos los «retrocesos» y anomalías de la Escolástica, el Estado y la Iglesia. El pasado se antojaba formalista, sombrío, agobiante. Se pretendía un tipo de humanidad más libre, más bella y más armónica. La idea de la libertad y de los derechos humanos, que de una u otra forma (aunque a veces reprimida) ha acompañado todo el desarrollo de la humanidad en la Edad Moderna, tuvo aquí claramente sus comienzos. Este estilo más libre tuvo enormes consecuencias en la esfera de la fe. Como resultado de las múltiples concepciones ya mencionadas, se impuso una decidida tolerancia -también indiferencia- respecto a las otras creencias. El valor de la verdad incondicional obligatoria perdió su atractivo. La libertad fue sobrevalorada a costa de la fe. Aquí es donde tiene su suelo nutricio esa concepción unilateral que ha llegado hasta nosotros, según la cual el Renacimiento fue una época de libertad tristemente malograda por la Reforma y la Contrarreforma.

Quattrocento y Cinquecento

Quattrocento y Cinquecento

Renacimiento
El renacimiento es el periodo en que se retorna a los principios de la cultura clásica, osea el Roma y Grecia de la antigüedad, pero actualizándola atravez del humanismo y sin rechazar la tradición cristiana. Lo religioso es substituido por una afirmación a los valores del hombre.

En las artes el Renacimiento implica que se va a cambiar la forma en que se crean obras de arte, osea se va a cambiar la forma en que se hacen las cosas. Nosotros le decimos a eso que va a haber un cambio formal, o de forma. Por ejemplo la forma en que se representa a las estatuas cambia; durante el periodo Gótico las estatuas no lucian tan reales, pero ahora los artistas de Italia comenzaran a dejarse llevar de las estatuas de la antigüa Roma las cuales abundaban en todas partes haciendo sus estatuas lucir realistas.

Se comienza a estudiar la naturaleza a fondo y se crea la perspectiva para hacer lucir las cosas mas reales, con profundidad científica y no estimada. El cuerpo humano desnudo será la suma de las perfecciones y los artistas lo usaran para establecer relaciones de escalas a sus edificios.

El renacimiento floreció primero en Italia por varias razones. Primero esta gozaba con ciudades que eran económicamente poderosas y abiertas ya que eran centros de comercio. Sus suelos estaban llenos por todas partes de ruinas de la antigüa Roma y Grecia. También aun durante la edad media Italia mantuvo a flote elementos clásicos y su estilo Gótico fue diferente muy relacionado en proporción y forma a los estilos clásicos, por lo tanto resulta un poco difícil dar una fecha exacta para iundicar el comienzo de este periodo. Pero podemos indicar con exactitud cuando este estilo de arte italiano comienza a influenciar al resto de Europa y esto fue del 1490 al 1500 DC.

Arquitectura:
La arquitectura de la Italia renacentista suele estudiarse bajo dos categorías, el Quattrocento ó el siglo XV y el Cinquecento ó siglo XVI. A las postrimerías del siglo XVI también se le conoce como Manierismo.

El Quattrocento

Durante este periodo arquitectónico se comienza a utilizar de nuevo los elementos de construcción y adorno del periodo clásico (antigua Roma y Grecia) tales como las columnas doricas, jónicas y corintias las cuales fueron usadas originalmente por los Griegos en sus templos. También los techos y las cúpulas comenzaron a hacerse parecidas ( aunque un poco diferentes) a las antigüas. Las Iglesias se comienzan a construir con un plan central (la cupula en el centro con todos los pasillos o naves saliendo de este centro) radial opuesto a la forma de las iglesias Góticas que contenian un pasillo (nave) largo.

En Florencia el primer gran arquitecto lo fue Filippo Brunelleschi (1377-1446) a quien se le debe la construcción del domo de la catedral de Santa Maria de las Flores en esta ciudad. Esta cupula consta de dimensiones colosales y la manera en que se construyo fue muy ingeniosa. Averigüe como se construyo esta, que la hace diferente de las cupulas construidas anteriormente.

Durante este periodo se trabajan los edificios usando sistemas de proporciones matemáticas, se usan decoraciones iguales a las encontradas en los arcos de triunfo Romanos. Podemos concluir que la importancia del Quattrocento fue la introducción al lenguaje clásico.
Personalidades de este periodo lo fueron Fra Angelico, Masaccio y Mantegna.
El quintecento vino despues y trajo muchos cambios.

El Cinquecento

Este supone la culminación del proceso renacentista y al mismo tiempo su crisis. La suprema perfección obtenida en los últimos años del siglo XV, que es la expresión adecuada al optimismo humanista y asu visión de un mundo en orden, encuentra su forma perfecta en el equilibrio de Rafael y del joven Miguel Angel. Es un mundo de belleza, equilibrio, grandiosidad y orden. Frente al sentido menudo y múltiple del Quattrocento se buscan las formas severas y monumentales y una sensación de rigor, plenitud, y unidad lo llena todo. Pero el mundo no era en modo alguno perfecto y pronto el panorama europeo comienza a presentar aspectos confusos y dramáticos. A la par que los descubrimientos geográficos y científicos obligan a replantearse la ordenación de los conocimientos establecidos, la reforma religiosa cuestionaba verdades hasta entonces aceptadas, y la economía europea se desajustaba de modo muy grave. El arte, especialmente la pintura, se repliega sobre si mismo en fecha relativamente temprana.
Rafael muere en 1520, y en 1527 tiene lugar el saqueo de Roma que dispersa el grupo de sus discípulos que continuaban trabajando en la ciudad. En las ciudades ya no son los gremios y la alta burgesia quienes realizan los encargos, sino núcleos más cerrados de la aristocracia. El arte se vuelve sobre sí mismo y se hace caprichoso, imaginativo y extraño. Se pierde la claridad renacentista y se hace tortuoso y dificil de entender por su carga intelectualizada, que traduce muchas veces un evidente pesimismo. Es el fenómeno llamado Manierismo. Solo Venecia, que mantiene su predominio económico y tarda tiempo en ver las consecuencias de la crisis, mantiene un arte apoyado en la realidad visible y en el gozo de los sentidos, que por su carga de inmediata sensualidad y confianza en el mundo será de enorme trascendencia cuando, con el naturalismo barroco, se pretenda volver a la conformidad con la realidad.

Entre personas destacadas de este periodo se encuentra Leonardo Da Vinci, Rafael y Miguel Angel.

tomado de Historia del Arte, editorial Anaya. Azacarte, Pérez y Ramírez

Busque fotos de las obras de estos artistas para que note la diferencias en estilo entre el primer grupo y el segundo.

10. Con el nombre de Humanismo se designa aquella parte del movimiento renacentista que se ocupó preferentemente de la formación literaria, del lenguaje, de la educación, de los estudios, del saber. Fruto de la vida espiritual del Humanismo fueron las múltiples ediciones de autores antiguos, pero también una exquisita literatura dialogal y epistolar. El humanista, amigo de la correspondencia escrita y del trato humano, gustaba de mostrar su cercanía a la Antigüedad con gran número de citas, que sacaba de su biblioteca privada. Pero rara vez llegaron estos eruditos a realizar grandes creaciones propias.

El mismo nombre de Humanismo es altamente significativo: Humanismo significa la época del hombre, es decir, la época en que el hombre empieza a ser la medida de las cosas.

11. En resumen, el Renacimiento y el Humanismo significaron el gran despertar del espíritu europeo, en la medida que elevaron y diferenciaron la autoconciencia del hombre, así como el concepto de su situación no sólo en el mundo, sino también en el tiempo. También entonces empezó a despertar de su sueño el pensamiento histórico. Desde entonces se tuvo conciencia de la peculiaridad de las épocas y de cómo se distinguen y separan las unas de las otras.

Manierismo

Palazzo Te, de Giulio Romano (1524-1534).

Adoración de los Magos del retablo de San Benito el Real (Valladolid), de Alonso de Berruguete (1527-1532).

Parque de los monstruos de Bomarzo (desde 1550).

Ilustración del libro Extraordinario, suplemento de Los siete libros de la arquitectura de Sebastiano Serlio (1551).

Júpiter arrojando sus rayos a los Vicios, de Veronés (ca. 1555).

Ilustración (dibujo de Gaspar Becerra grabado por Nicolas Béatrizet) para la Historia de la composición del cuerpo humano de Juan Valverde de Amusco, 1559 (en su mayor parte, copia de la De humani corporis fabrica de Andrea Vesalio, 1543, con grabados de Jan van Calcar).

Pareja de estatuas yacentes del Monumento funerario de Enrique II y Catalina de Médicis, de Germain Pilon (1560-1575) en la basílica de Saint Denis.1

Porta Pia (Miguel Ángel, terminada tras su muerte, 1565).

Capricho arquitectónico con figuras, de Hans Vredeman de Vries, 1568.

Chimeneas del Château de Madrid (nombre relativo a la prisión que sufrió Francisco I en España), grabado de Jacques Androuet du Cerceau2 en Les plus excellents bastiments de France, 1576.3

El rapto de las Sabinas (1581-1582), de Juan de Bolonia (Giambologna).

Entrada de la Grotta del Buontalenti (1583-1593). A la izquierda el Corridoio Vasariano (1565).4

Retablo del altar mayor de la Basílica de El Escorial (1583-1586), una de las mayores empresas artísticas del siglo XVI,5 diseñado por Juan de Herrera y dirigido por Pedro Castello, con esctructura y custodia de materiales nobles de Jacometrezo, esculturas en bronce de Leon Leoni y Pompeyo Leoni y pinturas de Federico Zuccaro y Pellegrino Tibaldi (inicialmente estaba previsto colocar El martirio de san Lorenzo, de Tiziano, una Anunciación de Veronés y una Natividad de Tintoretto, que fueron relegados a otros lugares del Monasterio, al preferirse mantener una unidad de estilo). La bóveda tiene frescos de Luca Cambiasso, y los laterales acogen los cenotafios de la familia real obra de Leone Leoni y Pompeo Leoni.

Grabado del siglo XVII que muestra el pórtico de los jardines de la Villa Médici de Roma, adquirida en 1579 y completada con ese aspecto hacia 1600. La mayor parte de las esculturas, como la fuente de Mercurio (el Mercurio volante),6 de Giambologna, o los leones Médici7 (uno de época romana y otro de Flaminio Vacca)8 se desmontaron en 1789 y se trasladaron a Florencia. Actualmente se exhiben copias.9

Manierismo es la denominación historiográfica del periodo y estilo artístico que se sitúa convencionalmente en las décadas centrales y finales del siglo XVI (Cinquecento en italiano), como parte última del Renacimiento (es decir, un Bajo Renacimiento). Su caracterización es problemática, pues aunque inicialmente se definió como la imitación de la maniera de los grandes maestros del Alto Renacimiento (por ejemplo, el propio Tintoretto pretendía dibujar como Miguel Ángel y colorear como Tiziano), posteriormente se entendió como una reacción contra el ideal de belleza clasicista y una complicación laberíntica10 tanto en lo formal (línea serpentinata, anamorfosis, exageración de los movimientos, los escorzos, las texturas, los almohadillados, alteración del orden en los elementos arquitectónicos) como en lo conceptual (forzando el decorum y el equilibrio alto-renacentistas, una “violación de la figura”),11 que prefigura el “exceso12 característico del Barroco. Por otro lado, también se identifica el Manierismo con un arte intelectualizado y elitista, opuesto al Barroco, que será un arte sensorial y popular.13 Considerado como una mera prolongación del genio creativo de los grandes genios del Alto Renacimiento (Leonardo, Rafael, Miguel Ángel, Tiziano) por sus epígonos (como los leonardeschi), el Manierismo fue generalmente minusvalorado por la crítica y la historiografía del arte como un estilo extravagante, decadente y degenerativo; un refinamiento erótico14 y una “afectación artificiosa”15 cuya elegancia y grazia16 no fue apreciada plenamente hasta su revalorización en el siglo XX, que comenzó a ver de forma positiva incluso su condición de auto-referencia del arte en sí mismo.17

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