La sociedad Romana

A:

La vida social en la antigua Roma

Pequeño banquete romanoLa Antigua Roma se regocijaba y encontraba placeres y comodidad al interior de las ciudades; el campo era despreciado; los notables conformaban una nobleza urbana, y solo vivían en el campo durante el verano. Aunque también buscaban placeres en el campo, siendo el principal de ellos la exaltación del valor durante las expediciones de caza. Pero los grandes placeres eran urbanos: los baños públicos, el teatro, el circo, el coliseo, los deportes, y por supuesto, los banquetes y grandes fiestas populares. Y se era más privilegiado cuando la ciudad estaba rodeada por una muralla, cerco que la distinguía de las demás, y que “tenía mucho que ver con la mentalidad privada”; solo se podía ser un verdadero romano en la ciudad.

Los ciudadanos romanos también eran atraídos por las construcciones, por las grandes ciudades y sus acueductos, edificios, canales, puentes y por los nuevos inventos que eran más bien escasos para la época (eran la excepción y no la regla), tal como los cuadrantes solares que pronto fueron construidos en cada ciudad. Y por supuesto se delitaban con las esculturas que eran muy abundantes, y los mosaicos que adornaban numerosas paredes.

B:Las costumbres de la Antigua Roma son las rutinas diarias de los habitantes, las ciudades, los oficios, la economía, sus necesidades y sus benefícios.

Las residencias de los ciudadanos romanos dependían, como hoy, del grado de riqueza. Los Patricios y los ricos hombres de negocios (Caballeros) habitaban en villas, que tenían grandes jardines con fuentes, hermosas vistas y muy lujosas. Los principales modelos eran dos: insulae y domus.

El pater familias era el hombre que no dependía de nadie y de quien dependían los demás. No importaba que estuviese soltero o casado, ni los años. La mujer nunca podía ser cabeza de familia.

La patria potestad de un cabeza de familia romano era muy fuerte. Puede disponer de la vida, muerte y venta de cualquier miembro de la familia. Puede abandonar legalmente a un hijo nacido de su mujer o puede reconocerlo. Puede incluso prohijar hijos de otros. Puede concertar casamientos de los hijos. Realmente, es él quien forma la familia.

Como jefe de la familia es también el sacerdote de la religión familiar y el juez en los conflictos entre familiares, pero para esto último tiene que contar con el asesoramiento de un consejo familiar.

Para entender lo anterior, hay que tener en cuenta que el parentesco natural, fundado en la descendencia física de la mujer, y que los romanos llamaban cognatio, carecía de valor civil, en tanto el parentesco civil, fundado en el reconocimiento por parte del hombre de su descendencia o en la adopción como hijos de descendencia ajena, y a lo que los romanos llamaban agnatio, era el único parentesco legalmente válido.

El casamiento de dos jóvenes dependía casi exclusivamente de los padres; pocas veces se tenían en cuenta las inclinaciones de los interesados. Una vez decidido el matrimonio el primer paso era la celebración de los esponsales, ceremonia arcaica en la que los respectivos padres concertaban el casamiento de los hijos y establecían la dote que la joven aportaría al matrimonio. Antiguamente los desposados ya quedaban obligados a la fidelidad recíproca y, si el matrimonio no se celebraba en el plazo estipulado, se podía perder la dote. Consultados los dioses, si los agüeros eran favorables, se cambiaban los anillos, que tenían un valor simbólico.

Ante la ley, solo los ciudadanos romanos tenían derecho a contraer matrimonio. La tradición conservó el recuerdo de tiempos en los que los patricios no podían casarse con una plebeya, prohibición caída pronto en desuso (Lex Canuleia). Los hombres se consideraban aptos para casarse a los catorce años y las mujeres a los doce.
El día de la boda era escogido con toda cautela; sería pernicioso casarse en mayo, mientras que la mejor época era la segunda quincena de junio.
En la víspera de la boda la joven consagraba a una divinidad sus juguetes de niña; después, se acostaba con el traje nupcial y una cofia de color anaranjado en la cabeza. Eran características de la vestimenta nupcial el peinado y el vestido con velo. El traje era una túnica blanca que llegaba a los pies, ceñida por un cinto. De la cabeza de la desposada caía un velo de color anaranjado (flammentum) que le cubría la cara.
El divorcio estaba permitido pero solo el hombre lo podia reclamar. LLevaba un testigo y le decia a su mujer que recogiera sus cosas y se fuera.

En cuanto a la alimentacion los antiguos romanos tenían tres comidas por día: el ientaculum, equivalente al desayuno, comida bastante simple y casi siempre tomada de pie, consistían en pan untado con ajo o sal o sin untar ambos acompañados de un pedazo de queso. El prandium era al mediodía y una de las comidas que los romanos se saltaban habitualmente, o la única que hacían en todo el día dependiendo de sus posibilidades económicas. El prandium consistía en una dieta a base de pan, carne fría, verduras y fruta acompañada con vino. La cena romana se producía después del baño al término de la hora Octava o Nona; en ella los romanos tomaban verduras como entrantes en forma de ensaladas o la plancha, y carne o pescado: podía ser carne roja o blanca y la manera de confeccionarla pasaba por los asados aromatizados con hierbas o la carne a la plancha aderezada con habas, coles, espárragos, etc., o pescados diferentes según la época: sardinas, pez espada, etc., finalizados los segundos platos se pasaba a los postres que solían ser frutas de temporada: uvas, manzanas, peras, etc., acompañadas de vino Nomentum.

C:

Moneda en la Antigua Roma

La moneda romana durante la mayor parte de la República romana y la mitad occidental del Imperio romano consistió en monedas incluyendo el áureo (latín, aureus, oro), el denario (lat. denarius, de plata), el sestercio (lat. sestertius, de bronce), el dupondio (lat. dupondius, también de bronce) y el as (de cobre). Estas monedas se usaron desde mediados del siglo III a. C. hasta mediados del siglo III d. C.

Aún se aceptaban como pago en los territorios de influencia griega, incluso aunque en estas regiones se acuñasen monedas propias y algo de plata con otras denominaciones como imperial griego o monedas provinciales romanas.

Los intercambios comerciales eran pagados inicialmente en bueyes u ovejas. La primera moneda fue la libra de cobre y después vinieron las monedas de plata (denarios y sestercios).

El comercio tendió al uso del sistema monetario basado en el oro, aunque circulaba la plata y había una relación del valor oro-plata fijado legalmente.

Pero la moneda efectiva era la de plata. La moneda de plata pasó de 1/72 a 1/84 de libra (327,45 g) en la Segunda Guerra Púnica, y no se modificó en tres siglos. Las monedas de cobre se empleaban para las fracciones, por lo que desaparecieron del gran comercio, y después dejaron de acuñarse los ases.

C:

Religión en la Roma antigua

Reconstrucción de una estatua de Júpiter datada en el siglo I. El dios Júpiter era la deidad principal del culto público romano. En el monte Capitolino se erigía el Templo de Júpiter Óptimo Máximo, el más importante de Roma.

La religión romana consistía, igual que entre los griegos, más en un conjunto de cultos que en un cuerpo de doctrinas. Había dos clases de cultos: los del hogar, que unían estrechamente a la familia, y los públicos, que estimulaban el patriotismo y el respeto al Estado. En la época imperial se añadiría el culto al emperador. En términos generales, se trataba de una religión tolerante hacia todas las religiones extranjeras, pues los romanos acogieron a dioses griegos, egipcios, frigios, etc. También era una religión contractual, pues las plegarias y ofrendas se hacían a manera de pacto con los dioses, es decir, para recibir favores, y si el creyente entendía que la divinidad no le cumplía, dejaba de rendirle culto.1

Gastronomía romana

Bodegón con cesto de fruta y vasijas (Pompeya, c. 70 a. C.).

La gastronomía romana cambió a través de la larga duración (más de un milenio) de su antigua civilización. Sus hábitos se vieron influenciados por la cultura griega, los cambios políticos de monarquía a república, y de ahí a imperio, y la enorme expansión de éste último, que trajo muchos hábitos culinarios nuevos y técnicas de cocina de las provincias. Al principio, las diferencias entre las clases sociales no eran tan significativas, pero la distancia entre ellas creció junto con el imperio

LA JOYERÍA EN EL MUNDO ROMANO

Autora: Ana Santomé Estévez / In Illo Tempore
Una colaboración para Arraona Romana

 
Introducción: 

Tradicionalmente, la creación y decoración de joyas se viene considerando una arte menor; por este motivo tenemos poco conocimiento sobre esta disciplina. Por tanto, resulta interesante acercarnos al mundo de la joyería pues desde antiguo la posesión de estos objetos ha estado ligado a la pertenencia a un determinado status. Aunque fuese una proporción reducida de la sociedad, ciertos romanos conocieron el lujo a través del vestido, el perfume, los alimentos y, como no, la joyería; quizás la expresión universal de la suntuosidad.

Como en muchos otros temas, a la hora de analizar los adornos que utilizaban los romanos debemos  indicar que los estudios se refieren a las clases más pudientes. En este caso, la delimitación social tiene más sentido pues, a parte de que las fuentes normalmente hacen referencia a la población de mayor status, resulta lógico que sean los más acaudalados los que posean la mayor parte de las joyas.

Lugares de excepcionales condiciones como Pompeya resultan ser una excelente fuente para el conocimiento del mundo del adorno personal, especialmente en el I d.C. Ya en la segunda y tercera centurias los lugares que más información nos transmiten son las Islas Británicas y en el siglo IV son regiones como Algeria, Asia Menor, etc los que nos ofrecen más restos. Pero también contamos con fuentes escritas que aluden a los tipos de joyas que se portaban, su composición, su precio, las modas, etc. Además, las propias obras de arte como la pintura o las escultura nos pueden dar información sobre las costumbres en los adornos.

El campo de la joyería es difícil de delimitar puesto que si normalmente pensamos en objetos de adorno personal, lo cierto es que otros enseres fabricados con metales y piedras preciosas, como bandejas o espejos, se incluyen en el mundo de la joyería. De la misma forma, otros que se podrían insertar en este grupo, como las fibulae, no se consideran joyas a menos que esté realizadas en algún material suntuoso.

Las romanas y el lujo:

Tanto a hombres como a mujeres les gustaba rodearse de lujo y hacer uso de los materiales preciosos. Sin embargo, mientras que los hombres lo introducían en su vida general, como por ejemplo en la decoración de sus casas, eran las mujeres las únicas que portaban adornos, con la excepción de un anillo en el caso masculino. Tanto es así que no es extraño encontrarnos con testimonios de varones quejándose, quizás de forma exagerada, del uso desmesurado de joyas, ornamenta, por parte de sus mujeres.

Las matronas romanas iniciaban el día con su aseo y vestido. Lo primero que hacían era peinarse y maquillarse. El tercer paso consistía en colocarse su ingente cantidad de joyas: diademas, pendientes, brazaletes, collares,etc. Estas tareas no las hacían ellas mismas sino que precisaba de la ayuda de sus sufridoras esclavas, las ornatrices.

Pero su debilidad por el mundo de la joyería, en cierto momento, se vio sancionado. La promulgación de la Lex Oppia, en el contexto de las II Guerra Púnica, dio lugar a la prohibición de portar, entre otras cosas, cierta cantidad de joyas. Ante esta restricción las matronas no dudaron en movilizarse y concentrarse  en Roma para conseguir que se derogase, como finalmente se hizo.

Sus maridos no parecían entender esa afición, como en el caso de este fragmento del Satiricón de Petronio:

‘Ya veis -dice- los perifollos con que cargan las mujeres y nosotros, como estúpidos las dejamos que nos desplumen […]’ Para no ser menos, Centella, echando mano a un estuche de oro que llevaba colgado al cuello y que ella llamaba su ‘buena estrella’, sacó unos pendientes y, a su vez, los ofreció a la consideración de Fortunata: ‘Son -dice- un regalo de mi señor marido; no hay otros mejores’. ‘¿Cómo? – salta Habinas – ¿No me habrás desangrado  para comprarte esas lentejuelas de cristal?.Desde luego, si yo tuviera una hija, le cortaría las orejitas. Si no hubiera mujeres lo tendríamos todo regalado […]’

Petronio, II, 67, 6-11

Tipos de adornos:

Las mujeres romanas no solo llevaban las joyas fabricadas por los artesanos romanos sino que en muchas ocasiones estos productos provenían de intercambios y ventas de tal forma que estaban diseñados a la moda de sus lugares de origen. Por esta razón, mencionaremos aquellos adornos que podemos considerar típicamente ‘romanos’; es decir, aquellos que se crean en los últimos años del siglo I. a.C  hasta el fin de la época romana.

Bullae:

Este objeto era un colgante que portaban los niños pertenecientes a las familias senatoriales, ecuestres y patricias. Además de ser un adorno tenía un fuerte significado simbólico pues era utilizado con fines apotropaicos. Las bullae se llevaban hasta que se alcanzaba la edad adulta. Eran colgantes de forma más o menos circular que se componían por dos placas que contenían en su interior algún amuleto. Por extensión, los romanos denominaban bulla a cualquier objeto con una forma similar a este adorno. Podían estar fabricados de materiales como oro, bronce, marfil… y de  otros menos suntuosos como el cuero. Cuando el niño alcanzaba la edad adulta  se cree que dejaba la bulla junto con sus ropas en un ritual.

No fue una creación romana sino que era un adorno utilizado por los etruscos. Estos las fabricaban también en forma circular e incluso en forma de corazón y podían llegar a portar más de una a la vez. Los etruscos las solían decorar con motivos mitológicos, vegetales o retratos y los romanos, hasta el Alto Imperio, solían hacer lo mismo. Sin embargo, a partir del siglo II d.C ya nos podemos encontrar con bullae sin ornamentación. Al mismo tiempo se extiende su uso en los niños de condición libre e incluso se han encontrado bullae en tumbas de mujeres, quizás por estar consideradas personas débiles que necesitaban la ayuda y protección de este amuleto.

-Pendientes:

Una vez más nos encontramos con una gran diversidad en cuanto a clases de pendientes. Siguiendo la estela de la moda helenística en el este del imperio podemos advertir los sencillos pendientes en forma de aro con muy pocas modificaciones con respecto a los de momentos anteriores. En Egipto, esta tipología incluía formas de cabezas de animales y humanas. También había muchas variedades de pendientes conformados por un círculo del que cuelga una especie de gota o lágrima. Sin duda, no podemos olvidar, los conocidos crotalia, unos pendientes compuestos de varios colgantes suspendidos de una barra horizontal y que se encuentran  hasta el final del imperio.

-Diademas

Estos objetos no fueron especialmente abundantes en los tocadores de las romanas pero a juzgar por las evidencias arqueológicas parece que las pocas que hubo seguían la moda helenística.

-Monedas:

Aunque su fin no era ese, las monedas, después de un tiempo en circulación eran utilizadas como otra joya más. Estas tenían diversos usos: podían ser utilizadas como colgantes, pendientes, partes de anillos, fibulas, etc. Normalmente se escogían aquellas de emisión extraordinaria o que resultaban importantes a su portadora por el valor ideológico. Eran elementos de un valor excepcional pues, dependiendo del tipo de moneda y del uso de esta, la joya adquiría una mayor importancia y eran una indudable marca de prestigio y status social. Así, las fíbulas que están adornadas con monedas pasan de ser un objeto funcional a ser una verdadera joya.

Se han encontrado monedas en diversas épocas pero las evidencias arqueológicas nos indican que a partir del siglo III d.C.  este tipo de adorno se utilizó con mayor asiduidad.
-Anillos:

Los anillos eran las únicas joyas que los hombres llevaban. En un prinicpio, solo portaban uno, generalmente con un sello, pero con el tiempo comenzaron a llevar más. También, en origen, estaban reservados para ciertas clases sociales como los senadores o los equites pero ya casi en el ocaso del imperio el resto de ciudadanos podían utilizarlos. Tenían muchos usos: desde anillos de compromiso hasta objetos portadores de llaves. Algunos podían estar adornoados con monedas o con retratos. Los anillos podían ser cerrados o abiertos. Dentro de estos últimos destacan los que tenían forma de serpiente y que bebían de la tradición helenística. A su vez, dentro de los cerrados destacan numerosas variedades: con varios anillos superpuestos, con piedras…

-Brazaletes:

Los brazaletes también presentan muchas variedades. Algunas de ellas son los brazaletes en forma de aro, otros como estes terminados en cabezas de animales, decorados con uno o varios nudos de Hércules, un motivo muy recurrente en la joyería romana. En el siglo III aparecen brazaletes con discos en el centro decorados con diferentes tipos de piedras preciosas En el siglo IV, encontramos, por ejemplo, brazaletes realizados con la técnica del opus interrasile, de la que hablaremos más adelante.

-Horquillas

Las romanas adornaban sus cabellos con horquillas de oro, plata, piedras precisosas,etc. Son muy numerosas las evidencias y en ellas podemos encontrar diferentes tipologías y subtipologías. Una clase de horquilla muy abundante es la que tiene forma de manos humanas. En determinados retratos se puede  observar su uso.

-Collareshttps://artistasnancy.files.wordpress.com/2014/11/ccb9e-joyeria_romana_pulsera1.jpg

Los collares podían contener elementos decorativos a lo largo de toda la pieza o solo en una parte. Algunos tenían uno o o varios colgantes mientras que otros no. Las cuentas podían ser de muy diferente tipo, destacando las realizadas en cristal de esmeralda o similares encontrados en gran cantidad en Pompeya. Algunos podían alternar entre las cuentas nudos de Hércules como los mencionados en los brazaletes.

La orfebrería:

El taller del orfebre.

En el mundo antiguo, es raro encontrarnos con sellos de talleres orfebres en las piezas que fabricaban, por lo tanto es difícil referirse a los talleres de forma individualizada. En el caso del Egipto romano y bizantino, tenemos más evidencias que nos llegan a través de los papiros conservados por las condiciones climáticas. En este lugar del imperio podemos conocer técnicas de fabricación, estilos, métodos de imitación, listas de joyas robadas o inlcuso referencias a quejas de clientes. Sin embargo, en la epigrafía, especialmente en inscripciones fúnebres, podemos observar numerosas referencias a artesanos joyeros.

El mundo de la joyería era muy amplio y no existía la figura del artesano que podía fabricar cualquier adorno: según el material empleado y el tipo de joya nos vamos a encontrar con diferentes especialistas. Sin embargo, de modo general, hablaremos del orfebre. Los talleres estaban compuestos de orfebres y un patrón, que habitualmente heredaba el oficio y el local del padre. También podían trabajar en él esclavos y, en algunos casos, hasta los libertos podían formar su propio taller. Además de este artesano asentado en un determinado lugar, en el mundo antiguo, existe la figura del orfebre itinerante, que iría de ciudad en ciudad dependiendo de la demanda de sus servicios. Se han encontrado algunas inscripciones que hacen referencia a la existencia de gremios, tanto de orbebres como de plateros, creadas según la tradición por Numa Pompilo y que tenían como fin regular la producción.

Una pequeña parte de estos artesanos podía adquirir gran fama y riqueza por sus trabajos pero la inmensa mayoría se mantenía en el anonimato y tenía un nivel de vida similar a otros trabajadores. El reciclaje de los materiales es un aspecto clave en este oficio pues muy rara vez se realizaban piezas a partir de materiales nuevos. Era muy común que el propio cliente le proporcionase los metales preciosos que el artesano necesitaba normalmente en forma de monedas, objetos que ya estaban muy dañados o chatarra. En caso de que no se recurriese a la reutilización de materiales, era el  cliente el que daba dinero al orfebre para que este pudiese conseguir la materia prima.

Solo los orfebres que trabajasen para un templo tenían un trabajo a tiempo completo; el resto de artesanos cobrarían una tasa por el tiempo empleado en la elaboración del objeto que dependería del peso de la pieza y de su complejidad. De este modo, podemos deducir que la mayoría de los orfebres no tenían un stock habitual; sin embargo, en el caso de los plateros esto no sucedia así, o ocurría en menor medida, pues como la plata tenía un menor precio los artesanos se podían permitir acumular piezas.

Además de estos artesanos también existían otros que se dedicaban a hacer piezas de imitación, pues la joyería atraía a todas las clases sociales.

Técnicas:

Para hablar de joyería propiamente romana tenemos que centrarnos en el período que va desde el 27 a.C., hasta finales del siglo IV. En los orígenes de la producción joyera, desde el 700 a.C hasta el 250 a. C, aproximadamente, el estilo seguido se basaba en la tradiciónn etrusca. Desde el fin de esta etapa hasta el inicio de la romana el estilo que imperaba era el helenístico, aunque también seguía teniendo influencias del etrusco.

Existían diversas técnicas que era comunes a otras culturas como el batido, para hacer láminas de metal, o moldeado, para obtener una pieza con una forma concreta, por ejemplo. Pero también había otros procedimientos para decorar propiamente el objeto, como el repujado, la estampación o el grabado. La filigrana o el granulado, otras métodos habituales, consisten en soldar finos hilos de metal o de esferas, respectivamente.

El cortado era muy característico de la artesanía romana; con esta técnica se realizaban vacíos en la pieza con diversas formas. Con el tiempo la técnica fue mejorando hasta dar lugar al opus interrasile mencionada por primera vez por Plinio el Viejo en el siglo I d.C. Ahora con un taladro se perforaba la superficie por el reverso para después retocarla en el anverso con la ayuda de un cincel. Sin duda, esta es una de las técnicas más importantes de la joyería romana, muy presente en el arte bizantino y que se fue modificando y mejorando con el tiempo.

Materiales:

Sería muy extenso tratar de describir cuáles eran los materiales utilizados en la realización de las joyas ya que había una gran variedad. Así, mencionaremos los más comunes.

-Oro:

El oro era muy apreciado en la Antigüedad, no solo por los romanos, y debido a su naturaleza podemos conservar aun hoy en día piezas elaboradas por aquel entonces. Sin embargo, el propio valor del material   hace que los objetos que se fabriquen con él se hereden, reutilicen, refundan, etc. Las principales fuentes de extracción, ya que Roma no era rica en este material, fueron los Balcanes, la actual Austria, Hispania (desde las Guerras Púnicas), Britania y Egipto, que abasteció a varias culturas antiguas. En origen, Roma tenía reservado el oro para premiar la virtus militar y en general, los adornos del resto de la población eran de hierro. Sin embargo, con el tiempo se producen cambios y la existencia de una mayor cantidad de oro hace que las joyas se empiezan a fabricar con este material. Muchos emperadores lo tendrán muy presente en su entorno: en joyas, vajillas, ropas, mobiliario,etc.

-Plata:

Fue un material muy apreciado pero debido a sus características no es fácil hayar hoy en día restos. Por este motivo, se cree que las escasas evidencias no se deben a una pequeña producción sino a su conservación. Las  principales fuentes de extracción se encontraban en Hispania, Sardinia y sobre todo Asia Menor. No tenía tanta importancia como el oro y, por lo tanto, era más asequible para la población.

-Perlas:

Estaban extraordinariamente consideradas, entre otras cosas por la dificultad de su recolección, y su demanada era muy alta. Al parecer, aunque se conocían desde antes, fue Agustó quien difundió el gusto por las perlas, margaritae, tras su enfrentamiento con Cleopatra. Las perlas tenían tras de sí toda una ‘industria’ par su explotación: desde su recolección, bueceando, hasta la venta en las ciudades, pasando por las distintas redes de comercio. Sus artesanos, los margaritarii, se dedicaban en exclusiva a su trabajo, al contrario que otros artesanos, que a veces podían usar diferentes materiales.

-Piedras preciosas:

El uso de estos materiales podía ser solo o acompañando a otros como la plata y el oro. Además de sus propiedades decorativas las piedras eran utilizadas por sus propiedades mágicas, pues cada una tenía una diferente. En el mundo romano las más empleadas fueron los diamnates, zafiros, topacios, aguamarinas, esmeraldas, ágatas, etc. Era muy habitual que las piedras se tallasen y, de hecho, la glíptica antigua alcanzó su mayor desarrollo en Roma.

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